Para la Humanidad, el derecho a la alimentación es incuestionable y sus déficit y deficiencias son hechos repudiables e inadmisibles. En uno de los graneros del mundo, la Argentina, el hambre debiera ser delito de lesa humanidad. Por Silvia Torres

No es una novedad que un gobierno que aplica medidas ultra neoliberales destinadas a proteger exclusivamente negocios personales y de amigos, provoque nefastas consecuencias sobre la vida cotidiana del pueblo: Privaciones de todo tipo y hambre.

Desde el mismo momento en que se instaló en el gobierno nacional la alianza macrista-radical y al tomar las primeras medidas, era claro que las consecuencias no podrían ser otras que las que están a la vista. En todo caso, como ocurre con quien escribe, solo podría haberse previsto que los dramáticos efectos debieran haberse producido en un segundo mandato. Pero, no. Un empresario corrupto no puede conducir nada por fuera del sino de su ADN: el instinto depredador.

Hay que decir que el industricidio cometido, con los efectos sobre el trabajo y los salarios y, todo ello, sobre la actividad económica general, no es novedad en la Historia argentina, en donde la aplicación de este tipo de políticas (endeudamiento externo, altas tasas de interés, fuga de divisas, baja recaudación, importación indiscriminada, represión, etc.), disparó las consecuencias que están a la vista.

Lo dramático, en todo caso, es la alternancia de los dos ciclos que representan sendos modelos de país, que signan la vida de los argentinos desde los orígenes como nación y, en este caso, tal vez lo novedoso sea solo el alto nivel de cinismo del presidente Mauricio Macri y sus adláteres, superior sin dudas al exhibido por Carlos Menem o Fernando de la Rúa.

Con una deuda pública (bruta/PBI) que en 2017 era de 56,6%; ascendió a 86 %, en 2018; a 116 % en el corriente año y previsión de 146 % para el próximo, conformada por divisas que alimentaron la fuga en un 70 %, dan cuenta del pasivo con el que se encontrará el próximo gobierno. Prácticamente fue ínfimo el porcentaje que se destinó a inversión interna, ya que la timba y la fuga se deglutió ese gigantesco endeudamiento, que, incluyendo al FMI, rondaría uno 180 mil millones de dólares de deuda.

Obviamente que la timba tiene como principales ganadores –mientras los argentinos caen por una interminable pendiente de pobreza-, a los bancos privados los que se levantaron con 21.398 millones de pesos en mayo, 200,6 % más en relación con igual mes del año anterior. (Hay bancos que obtuvieron ganancias de hasta 400 %, igual que el Grupo Clarín, otro de los grandes ganadores del modelo, junto con petroleras privadas, mineras, energéticas y peajes). Los bancos oficiales no corrieron la misma suerte: 94 % menos en mayo, en relación con igual mes del año anterior.

Con inflación galopante arrastrada por la disparada del dólar, con incesante caída de la actividad económica, las víctimas se multiplican en la Argentina con pobreza e indigencia que no para de crecer, índices que se tensaron en el período macrista-radical, que explican los resultados de las PASO y que, además, colocan al país en la tapa de los principales diarios del mundo, uno de los pocos “objetivos” alcanzados por MM: “colocar a la Argentina en el mundo”.

En diciembre del 2015, el dólar cotizaba $ 9,70 ($ 14 el blue); inflación anual: 26,9 %; crecimiento del PBI, 2,7 % (datos INDEC);  pobreza 29,2 % (UCA) y hambre en cero (FAO), encuentran al país con todos estos índices exacerbados por la hecatombe económica y financiera: Dólar en $ 59 ($ 60 en Posadas); inflación anual: 55,8 % y 250 % estimada para los cuatro años y pérdida del poder adquisitivo del ingreso, -25/30 %; PBI a la baja, por segundo año consecutivo: -2,5 %, en 2018 y -2 %, estimado para el presente; la pobreza en alza, superaría 35 %, con regiones donde ya está en 48 %, como en el  NEA.

El país está en ebullición por el hambre que azota a millones de argentinos, especialmente niños y ancianos. El pan nuestro de cada día se convirtió en un artículo de lujo en el país de pocos multimillonarios y excesiva cantidad de miserables y sufrientes ciudadanos.