Los países latinoamericanos estallan bajo la pata del imperio que vende el modelo neoliberal, con la complicidad de la inefable derecha voraz y brutal. Por Silvia Torres

 

“Si malo es el gringo que nos compra,

 peor es el criollo que nos vende”.

Arturo Jauretche

 

No por desconocido ni por no experimentado el poder del imperio sobre los pueblos latinoamericanos deja de encontrar las rendijas por donde filtrarse, para someter con miseria y desesperanza, durante el mayor tiempo que le sea posible, porque siempre encuentra a las oligarquías  voraces y brutales que abren puertas, ponen a los poderes fácticos -medios de comunicación, poder judicial, empresarios, bancos-, a disposición para asociarse y ocuparse de la tarea que mejor les sale: esquilmar al pueblo.

Históricamente, América, desde el Río Grande para abajo, fue territorio codiciado para el saqueo y la expoliación y, pocas veces, las naciones, organizadas como repúblicas bajo gobiernos elegidos por el voto popular o impuestos por golpes militares o parlamentarios, lograron avances en materia de derechos, mediante procesos y con resultados dispares.

El obstáculo para el desarrollo sustentable fue siempre el mismo: la injerencia del imperio –sea el país del norte, sean los países europeos-, que utilizó y utiliza un modus operandi que solo se altera según sean los tiempos: Más brutales, violentos y sangrientos, en el pasado; más sofisticados y sutiles, en la actualidad, pero con los mismos resultados: la dominación para que la riqueza sea arrebatada por sus empresas y los socios locales.

Esto es lo que ocurre en la mayoría de los países americanos, incluida la Argentina y que, hoy por hoy, tiene su expresión más dramática en Ecuador, donde un gobierno elegido popularmente, que debía ser la continuidad del anterior presidido por Rafael Correo, vira al sentido contrario, implementa una política de ajuste que afecta a vastos sectores de la sociedad, retoma el endeudamiento con el FMI, libera los precios de los combustibles, desemplea y hambrea…Con una economía dolarizada desde hace años, Ecuador no logró durante los 10 años de gestión de la Revolución Ciudadana , transformar su economía primaria y dar el salto cualitativo, pero sí superar la pobreza extrema y atender las demandas básicas, tanto como reconocer derechos largamente exigidos por los numerosos pueblos originarios, que expresaron su descontento movilizando a más cien mil mujeres y hombres.

Ahora, el imperio se vale de las noticias falsas (fake news) sobre líderes progresistas, gracias al poder hegemónico de los medios de comunicación; la persecución judicial (low fare), incluida la prisión a opositores en procesos sospechados de todo tipo de irregularidades, que se van descubriendo irremediablemente; la entrega de los resortes de la economía y la explotación de los recursos naturales a multinacionales, con amplias ventajas y escasas exigencias a favor de los Estados nacionales; cesión de espacios para la instalación de bases militares, con el indefectible pretexto de la “seguridad” de las fronteras o de la “lucha contra el narcotráfico”*… Métodos infalibles que el imperio usa para la penetración y el control de los pueblos y de los recursos.

Multitudinarias manifestaciones de sectores populares y originarios ecuatorianos salieron a protestar a las calles, exigiendo la renuncia del gobierno en manos de Lenin Moreno, quien respondió con argumentos falaces y represión al estilo de la ministra macrista-radical, Patricia Bullrrich, dejando la secuela de tres muertos y centenas de heridos de diversa gravedad. Simultáneamente, persigue a líderes opositores, muchos de los cuales permanecen clandestinamente en el país, según se registró en algunos medios argentinos.

Historias repetidas… Historias conocidas…Siempre con el mismo libreto y con los mismos efectos. Son los procesos políticos ejecutados para satisfacer la voracidad que impone el neoliberalismo, que recrea el capitalismo salvaje de la Thatcher y de Reagan y, para lo cual, no se tiene pudor alguno en limitar ni ocultar la vocación y la acción delictiva de la oligarquía en el poder. El imperio siempre encuentra pistas de aterrizaje entre rastreros personajes de la política vernácula, para aplastar con sus deleznables patas la vocación soberana de los pueblos.

 

* En Colombia hace más de 50 años están instaladas bases militares yanquis, para “combatir el narcotráfico”. No obstante, el país sigue siendo el principal productor y exportador de cocaína del mundo. Su cliente número uno: el pueblo norteamericano, cuyas fuerzas armadas debieran controlar el ingreso de la droga al país. Es vox populi que, una vez desaparecido Pablo Escobar, el negocio quedó en manos de las fuerzas armadas colombianas, en sociedad con las estadounidenses y los parapoliciales. Lo cierto es que la violencia se hizo carne en el país del norte, con una seguidilla interminable de asesinatos clandestinos, que corroe la piel social colombiana.