El último 17 de Octubre volvió a ser la fiesta de unidad del peronismo y reunió a dirigentes y militantes en Posadas  y en el acto central en Santa Rosa, La Pampa, donde  una multitud se hizo presente para escuchar a Alberto Fernández  y a Cristina Fernández de Kirchner, candidatos a presidente y a vice del Frente de Todos. Por Silvia Torres

La supervivencia del peronismo como movimiento político, “pesar de los golpes, los fusilamientos, los compañeros muertos, los desaparecidos”, se alimenta de episodios de alto voltaje emotivo y tuvo su origen en la espontánea y gigantesca movilización de trabajadores el 17 de Octubre de 1945, cuando el por entonces coronel Juan Domingo Perón, a cargo de la Secretaría de Trabajo y Previsión de la Revolución Juniana, había sido detenido con la finalidad de borrarlo del mapa político, en virtud de sus posiciones de vanguardia para conceder derechos a los sectores populares y consagrarlos como actores políticos plenos.

El último 17 de Octubre pasará a la historia, entre otros, porque expresó la unidad del peronismo empujado por la necesidad de arrancar de manos de la oligarquía neoliberal el manejo de la conducción del Estado, recuperar su función como rector del desarrollo de la Nación y equilibrar la distribución de la riqueza que, luego de  cuatro años de gestión de la alianza macrista-radical, destruyó la actividad económica en todas sus manifestaciones y los equilibrios sociales que permitían el acceso al trabajo, a la educación, a la salud, al consumo de grandes sectores de la población, que registran dramáticos índices en descenso, como 52 % de menores sumergidos en la pobreza.

El movimiento nacional es justamente la alianza de los sectores sociales en pos de un proyecto común, que tiene como eje, como centro rector a los trabajadores, a los científicos y técnicos, a los estudiantes, a las mujeres, a los mayores, a los productores y, también, a las organizaciones del pueblo, incluidos a los empresarios, la mayoría de los cuales debe asumir que sus ganancias tienen que estar atadas a un interés superior: el desarrollo armónico del país. O sea, la antítesis del modelo vigente desde diciembre del 2015, cuando la Argentina volcó todo su esfuerzo a enriquecer a 2.500 grandes productores agropecuarios, a 100 bancos y a unas 20 empresas energéticas, mientras el resto de las fuerzas productivas y los trabajadores caían en la inactividad, la quiebra, la desocupación, la pobreza.

Con las diversas conmemoraciones que tuvieron lugar a lo largo y a lo ancho del país, incluido el acto central en el Club Racing de Posadas, el 17 de Octubre recupera la historia de luchas del pueblo argentino, que lleva implícita la idea de la resistencia –como aquella Resistencia Peronista post revolución de 1955-, hacia las políticas que implementó Mauricio Macri al frente de un gobierno de gerentes, cuyo fin es la desarticulación de los lazos solidarios, que caracterizaron a los argentinos entre las naciones del mundo: Lazos que depusieron la avidez  y la supremacía de un sector sobre los otros, para hacer comprender que nadie puede realizarse sino en un país que se realiza conjuntamente, la idea madre que rigió la estructura de poder creada por Juan Domingo Perón.

Está vigente la idea de que la Unidad de los sectores populares y, sobre todo, la unidad de la clase dirigente, deponiendo mezquindades y privilegiando el destino de la Nación y de su pueblo, vuelve a ser un imperativo de la hora y de todas las horas. Si las fuerzas populares no se unen deponiendo ambiciones personales, los devoran los de adentro y los de afuera y, por ello, cobra actualidad y fuerza el otro mandato del Líder Eterno: Primero la Patria, después el Movimiento y por último los hombres y con ello ponía de resalto que nada puede ser más importante, en la actividad política, que el interés superior de la Patria y de su pueblo.

Fueron fiestas populares cargadas de emociones y expresiones de amor hacia la mujer que, despojándose de toda aspiración personal y dejando “jirones” de su vida personal y familiar, perseguida judicial y mediáticamente por el recalcitrante odio gorila, salió a construir, en medio de la aciaga realidad de destrucción, la unidad del movimiento nacional  con un solo límite: el modelo de la alianza macrista-radical.

Solo nos resta esperar que sea posible construir con los votos y en las mesas de concertación, la fuerza suficiente para avanzar sobre la dramática decadencia en la que está sumergida la Argentina. Para ello, será muy necesario recurrir a las enseñanzas del pasado y a los sueños del futuro. También, confiar en la generosidad de los líderes políticos de todos los niveles que tendrán la responsabilidad de conducir al pueblo por este difícil proceso.