Evo Morales fue derrocado por el 189º golpe de Estado en Bolivia. Chile está incendiado por protestas populares y feroz represión. En Colombia, es hecho cotidiano el asesinato de dirigentes populares y sociales. La justicia brasileña debió liberar a Lula y en Argentina se espera la asunción de FyF. Por Silvia Torres

 

Finalmente, el golpe del ’55 en la Argentina volvió a tener carnadura en la República Plurinacional de Bolivia, para derrocar al presidente Evo Morales. La asociación entre EEUU, con la OEA como herramienta imprescindible, más las élites blancas del Oste del país (élite económica que no sabe convivir con la democracia y con la inclusión social de los más pobres”, Lula) y la solapada injerencia de corporaciones brasileñas y chilenas, que apuntan a coparticipar de la explotación del litio, tejió y desencadenó el evento, en donde la participación del Jefe de las fuerzas militares conjuntas para pedir la renuncia de Evo en el Palacio Quemado, fue la frutilla del postre.

Se vuelve a repetir esa añosa matriz conocida por gobiernos y pueblos de América latina y solo hay que agregar el papel de los medios de comunicación, desde siempre, (recordemos que Clarín no denominó “golpe” al derrocamiento de Juan Domingo Perón, en 1955, al que bautizó como Revolución Libertadora, luego lo denominó “gesta” y solo a partir de 1960 se permitió usar la palabra correcta: GOLPE). En Bolivia, la mayoría de los medios dependientes de poderosas empresas abonaron el clima golpista, durante casi toda la gestión del “cholo” Evo Morales, el presidente que transformó económica y socialmente al país, eliminando la pobreza extrema, el analfabetismo, la mortalidad materno infantil, desarrollando el potencial científico tecnológico, el comercio, la industria y permitiendo que las empresas accedan a suculentas ganancias, pero no a toda la ganancia.

En la Argentina, se registraron gigantescas manifestaciones populares en contra del golpe, a pesar de las largas “explicaciones” para ¿justificar? el derrocamiento del mandatario, por parte de comunicadores de medios hegemónicos. MM, en tanto, solo expresó: “estamos todos preocupados”, mientras que el canciller negaba la “existencia de un golpe”, en la misma línea argumental que Bolsonaro, el mandatario brasileño.

La posición del gobierno argentino y la de los medios, enciende necesariamente una luz de alarma o debiera de encenderla. El oficialismo obtuvo 40 % de los votos y pasará a ser la oposición, a partir del 10 de diciembre, cuando ocurra la toma de posesión de Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner, el primero de los cuales tuvo una participación muy activa para lograr el asilo político y el traslado del presidente boliviano, hacia México.

Si lo que ocurrió en el país del norte no es un golpe, por una formalidad irrisoria como es que el militar sedicioso no reemplazó al presidente depuesto, quiere decir que tampoco hubo golpe cuando los militares depusieron a Arturo Frondizi y entronizaron a José María Guido… Raro, ¿no? Al margen de las formalidades y los pruritos del macrismo y sus periodistas voceros, los argentinos debieran de atender puntualmente y con mucha lucidez la futura conducta de la oposición, ya que ante una clara operación golpista, que depone a un presidente con mandato hasta enero/2021, que ofrece hacer nuevas elecciones, para superar dudas y la violencia de la derecha continúa, -todo bajo la presencia in situ de funcionarios de la inoperante OEA, títere indiscutido del imperio-, ¿no pone en serio riesgo al gobierno que aún no asumió en la Argentina?

Estudiantes universitarios de flamantes casas de altos estudios, creadas por el “indio” a  lo largo y a lo ancho de su país, y la primera multitudinaria columna de mineros protestan en La Paz y otras ciudades, con la amenaza de que la resistencia al golpe y la destrucción de la Nación Pluricultural será sostenida “con dinamita”, en tanto que campesinos de las sierras comenzaron a montar cortes de ruta y amenazan con no proveer de alimentos. En frente, el ejército desplegó sus fuerzas ya no para “defender a la Patria” sino para masacrar al pueblo, cuando ya se difunden noticias sobre detenciones ilegales, torturas y violencia de todo tipo, no contra los golpistas que destruyeron la casa de Evo Morales e incendiaron la gigantesca biblioteca de Álvaro García Linera, sino contra quienes están protagonizando la resistencia.

¿Hay alternativas en AL, con este golpe y sus incalculables consecuencias? ¿Con el pueblo revelándose contra la injusticia y violentamente reprimido en Chile? ¿Con la conmoción de Lula libre, pero amenazado por la fuerte presencia militar en el poder político, entregado al imperio? ¿Con Ecuador tambaleándose por el avance del ajuste, exigido por el FMI, gracias a la traición del presidente que debía ser la continuidad de la Revolución Ciudadana? ¿Con Colombia sumergida en una violencia que se cobra la vida de miles de sus ciudadanos, en interminables asesinatos?

Con este marco y con este entorno, ¿hay alternativas para la democracia en la Argentina y que sea posible cumplir con el mandato que el pueblo le dio a sus nuevos gobernantes? La historia lo dirá.