La derecha, reconocida a través de los siglos con diferentes nombres, tuvo como único objetivo el enriquecimiento desmedido de las élites y el uso impúdico de la violencia, para controlar la protesta social. Ellos asesinan a mansalva y sin piedad. Por Silvia Torres

 

Está a la vista de quien quiera verlo. Está a la vista de quien quiera saberlo, a través de la historia. Las herramientas habituales, usadas sin eufemismos fueron violentas, inhumanas y exterminadoras. Sería imposible repasar en esta página los hechos que en el mundo avalan nuestra afirmación y que demuestran, además, la connivencia de las élites + el poder militar + el poder religioso + el poder judicial, para apropiarse y acaparar la riqueza.

En el caso de América Latina y, en ella, la Argentina, no hubo excepción en cuanto a episodios que regaron de sangre las etapas que van desde la Revolución de Mayo y la organización nacional hasta nuestros días. La eliminación de Mariano Moreno y el fusilamiento de Manuel Dorrego, sin juicio ni sentencia, ocurridos en los albores de la argentinidad fueron dos ejemplos de cómo las élites comerciales –enriquecidas sobre la base del contrabando, el principal instrumento económico de la crema porteña-, no titubeaba en eliminar al adversario, enemigo de su excluyente interés: apoderarse de la riqueza.

No fueron los únicos líderes asesinados u obligados a emigrar, como fue el caso del propio José de San Martín, declarado el Padre de la Patria, para que la posteridad no se ponga a hurgar demasiado en los pormenores. Los degüellos, los campos de concentración, las torturas y los fusilamientos fueron la constante en las primeros tiempos de la Argentina emancipada y tuvo como hacedores de ese reguero de sangre a paradigmáticos “próceres” -como Domingo Faustino Sarmiento, entre otros (ver Camogli, Pablo, Batallas entre hermanos, Bs.As., Aguilar, 2009), honrados año tras año, sin que nadie se atreva a poner las cosas en el lugar, como para comenzar a desarmar las “verdades” impuestas por los poderes fácticos.

Así, los pueblos culturalmente colonizados están condicionados para decidir sobre las alternativas y caminos a seguir, en pos de las mejores condiciones de vida para todos y, cuando ello ocurre, solo cuando son guiados/gobernados por líderes comprometidos con el crecimiento y la distribución equitativa de la riqueza, la prédica y la acción del establishment, asociada a parte del poder judicial y dueña también de los medios de comunicación masivos, retrotrae la situación al punto de partida. El progreso y el desarrollo económico social que se opone a la concentración y a la fuga de capitales, son situaciones inaceptables para las oligarquías nacionales asociadas al imperio, que no titubean en horadar el poder político de esos gobiernos, hasta culminar con golpes de Estado, con traiciones y/o estafa electoral.

Las oligarquías del continente no dudaron jamás en usar todos los recursos, aun los más bestiales, para controlar y deponer la vocación popular en pos de una vida digna. Las fuerzas armadas y de seguridad son adiestradas por los mejores “profesionales” que hayan disponibles en el mundo, para convertirlas en expertas en fusilamientos y detenciones clandestinos, torturas y desapariciones masivas; bombardeo, robo, violaciones, etcétera.

Toda esta tétrica, aunque muy sintética enumeración, se pone en evidencia en muchos países de AL, pero también en la culta y coqueta Francia, país donde su gobierno neoliberal no se cansa de apalear a los “chalecos amarillos”, aunque se desconoce que haya habido muertos, detenidos-desaparecidos y torturados, por lo cual se puede afirmar que las fuerzas de seguridad son un poco más “civilizadas”, en comparación con la ferocidad de las nuestras-.

En Ecuador, durante unos días, se destapó la válvula de presión social. En Chile, las puebladas se suceden sin solución de continuidad desde hace un mes y tienen como disparador una situación de pobreza y endeudamiento generalizado, mientras su oligarquía se apropia de más del 80 % de la riqueza que produce el país. La República Plurinacional de Bolivia, en tanto, fue jaqueada por un golpe de Estado a cargo de una virulenta y racista derecha, liderada por blancos que perdieron el control de la apropiación de la riqueza, desde el arribo del aimara Evo Morales Ayma. Las  fuerzas de seguridad –acompañadas estratégicamente en la retaguardia por las fuerzas armadas- apalearon, gasearon y asesinaron, hasta ayer, a unas 50 personas, en los dos países vecinos.

La derecha no titubea. A las élites latinoamericanas no les interesa la Democracia y esto las diferencia de las europeas, que usan la violencia no contra los suyos, sino que, conjuntamente, la usan contra las regiones que fueron sus colonias. Unas y otras no dudan un segundo en matar, cuando se trata de defender su codicia y avidez ilimitadas, que va siempre por más. Por más riqueza y por más muertos.