Una exposición seria, sin estridencia. Balance breve y rotundo del macrismo. Reseña de las primeras medidas. Deuda, el arte de calmar y priorizar. Los últimos, primeros. Dos Consejos para ampliar la participación. Aumento de retenciones a la soja, compensaciones. Normas para higienizar la AFI y Comodoro Py.

El presidente Alberto Fernández habló durante una hora y veinte minutos, solo usó nombres propios de protagonistas que citó elogiosamente: Kirchner, Alfonsín, el Papa Francisco, Perón, Manuel Belgrano. Contra sus hábitos coloquiales escatimó ironías y sarcasmos. No despegó el speech del texto escrito. Se cuidó para no levantar la voz: evitó hasta el crescendo final, clásico en estos mensajes. Solo subió unas octavas para mantener el hilo cuando anunció que mandará al Congreso el proyecto de Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE). Necesitaba subir el volumen para no ser tapado por la ovación, la mayor que le prodigaron en el recinto, a la que se sumaron legisladores de varias bancadas. Los proyectos sobre IVE, el Programa de Educación Sexual Integral y el “Plan de los mil días” se conocían de antemano. Honró su palabra; le valió aprobación transversal.

El orador parecía nervioso, tomó el primer sorbo de líquido a los cinco minutos de arrancar. Incurrió en una decena de furcios, en general menores.

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La mayor crítica al legado del Gobierno anterior se descerrajó de entrada: poco más de media docena de indicadores letales que posibilitan al expositor ahorrar adjetivos, si anhela evitar la redundancia y la estridencia. La inflación, la deuda externa, la recesión, la pobreza, la capacidad industrial ociosa. A veces las cifras cantan. Cinco minutos bastaron para pintar qué dejó como legado el ex presidente Mauricio Macri.

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Van 81, quedan casi todos: “Ochenta y un días” de gobierno destacó Fernández, le resta casi todo el mandato por cumplir.

Respondió sin alharaca a quienes le exigen que resuelva en ese lapso la formidable crisis económica, financiera, laboral e institucional. De cualquier modo, repasó las medidas sociales adoptadas en ese soplo de tiempo. Las hemos citado muchas veces y se repasan en otras notas de esta edición. Apenas mentemos un puñado: el Plan Argentina contra el hambre, la baja de precios de medicamentos para todas y todes, el Programa Remediar, la entrega gratuita de remedios para cualquier persona afiliada al PAMI, aumentos especiales de jubilaciones, sueldos, Asignación Universal por Hijo.

Celebró también el cierre de la Paritaria Nacional Docente y el comienzo normal de clases en la mayoría de los distritos. Describió a la educación como igualadora, para reparar diferencias de cuna. Alusión inimaginable en el gobierno de ricos, que naturalizaba la desigualdad o la ensalzaba como incentivo para el mercado. Aludió a los libros y las computadoras como parte imprescindible de los útiles escolares. Las carencias presupuestarias impiden restaurar, de una, el Programa Conectar Igualdad pero quedaron demarcados el rumbo y la autoexigencia. 

**Lo prometido que es deuda: “Tranquilizar” o “calmar” la economía, palabras clave en la alocución. “Sostenibilidad”, un modismo reiterado.

La deuda es clave, pero la preceden los derechos de los argentinos, remarcó el mandatario. “Nosotros estamos del lado del pueblo”, se busca llegar a una “resolución ordenada” pero es innegociable la prioridad para los argentinos más vulnerables: “primero los últimos”. La austeridad es perjudicial en medio de la recesión, predicó. Redistribuir para crecer es la idea… bromeando apenas poner al revés la teoría del derrame. En un rizo afín al pensamiento nac & pop, al que recurrió poco, Fernández alertó contra la “dependencia intelectual” que causa la deuda.

AF develó algo que viene haciendo el presidente del Banco Central, Miguel Pesce, propiamente desde que asumió: investigar los mecanismos de la fuga de divisas. Pongámoslo en jerga periodística: dilucidar y difundir quiénes fugaron, cuánto, cuándo, hacia dónde y cómo. Lo que medraron con la pobreza ajena, los cómplices e instigadores de la crisis merecen ser conocidos, señalados. Discutirse sus proezas.

AF mechó agradecimientos en varios tramos: a la oposición por cooperar en la ley de renegociación de deuda. A los líderes de países del centro del mundo por los apoyos recibidos en la gira internacional. A sindicalistas y a algunos dirigentes empresarios. No a todes porque la mayor diatriba coyuntural de la sesión cayó sobre los formadores de precios de productos básicos.

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Los vivos versus los bobos: 

El dólar está, relativamente, tranqui. La inflación se desacelera. ¿Cómo puede ser –-inquirió retóricamente Fernández.— que se remarquen preventivamente los precios de los alimentos? Aunque gambeteó mostrarse binario, hizo excepción en este punto, contraponiendo a los vivos que remarcan versus los bobos que tenemos que comprar. “Excesos preventivos” rotuló a la bulimia empresaria.

Retomó el punto, exhortó a la solidaridad y comprometió activismo estatal para limitar nuevos excesos.

Ratificó el aumento a las retenciones para la soja ( de 30 a 33 por ciento), contrapuesto a la baja del tributo para otros 25 productos, todos de economías regionales. Aseguró que se atenderá a los pequeños productores.

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Los cauces participativos: Como anticipó el 10 de diciembre, el presidente propiciará la creación por ley del Consejo Económico y Social, con representación sectorial y académica. Tendrá autoridades propuestas por el Ejecutivo con acuerdo del Senado y un plazo de mandato distinto al de los presidentes. “Limito mi poder”, auto celebró Fernández.

Tal como anticipó PáginaI12 , se prepara otro “nuevo cauce de participación”: el Consejo para el Afianzamiento de la Justicia. La idea es trascender el temario de la Reforma judicial Federal, fundamental pero circunscripta. Esta norma llegará al Parlamento en marzo, el texto del Consejo consultivo (intuye este cronista) está en borrador, como mucho.

La Reforma judicial aguará el poder de los magistrados de Comodoro PyMedio centenar de jueces penales se distribuirán las causas que concentraba el oligopolio de jueces. Se ratificó la implantación del procedimiento acusatorio, ampliando potestades de los fiscales y dejando a los jueces la custodia de las garantías. En cuatro palabras AF prometió que se promoverá el juicio por jurados, un mandato constitucional dejado de lado durante siglos. Falta saber cómo y cuándo.

Las restricciones a los abusos de los “servicios” agregó sustancia a los párrafos del discurso de asunción. Se desclasificarán archivos secretos de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI), se prohibirán por ley funciones perversas cumplidas por sus agentes. En estas pugnas vitalicias, como siempre, la experiencia aconseja diferenciar la valiosa voluntad de legislar de los resultados… habrá que ver. La desclasificación, una decisión ejemplar, se puede dar por hecha.

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Hacer uso de la palabra: Se atuvo a lo escrito, mantuvo un tono sereno, evitó chicanas o frases beligerantes. Reseñó los condicionantes y las carencias, las medidas tomadas por el Gobierno, anunció una cantidad llamativa de proyectos de ley. Descuella la más ambiciosa agenda de género presentada ante el Congreso desde la recuperación democrática.

No faltará quién diga que esos derechos o los ascensos post mortem a los submarinistas del ARA San Juan requieren poco dinero y pueden servir para compensar en tiempos de malaria. Puede ser cierto, a condición de admitir que cualquier mejora de derechos implica conflictos, antagonismos… pone en juego el poder político. La IVE es un caso clavado. La jerarquía de la Iglesia alabará la Ley de los 1000 días, Francisco condenará al capitalismo. En paralelo, tomarán la lanza y la armadura y saldrán en Santa Cruzada contra la norma, con provocaciones simbólicas

El domingo 8 M habrá un acto en Luján en defensa de las dos vidas.

Las jubilaciones de privilegio de los jueces hace un mes hermanaban en su contra a opositores y medios dominantes… ahora los escandalizan. La derecha mundial, decíamos ayer, es mendaz e intratable. Su capítulo argentino honra la regla.

Con dos discursos de calidad en el Congreso, infinitas entrevistas concedidas, Fernández va definiendo un estilo. Su propuesta esboza un peronismo del siglo XXI, atento a los derechos, a la creación y redistribución de riqueza, priorizando a los más vulnerables. Rescatando u reversionando lo mejor que concretaron los gobiernos kirchneristas entre 2003 y 2015, en medio de circunstancias mucho más restrictivas.

mwainfeld@pagina12.com.ar