Se cumplen 65 años de la autodenominada Revolución Libertadora que derrocó al gobierno de Juan Domingo Perón, con discurso que, no por casualidad, repite el macri-radicalismo y con las mismas intenciones: la concentración de la riqueza a costa de la pobreza y la pérdida de derechos de las mayorías. Por Silvia Torres

Los feroces ataques contra el Gobierno nacional toman distintas formas en manos del macri-radicalismo, cuando se conmemoran 65 años del golpe cívico-militar-eclesiástico (16/09/1955), que se autodenominó Revolución Libertador y fue rebautizado por la creatividad popular como “La Fusiladora”, haciendo referencia a que, entre tantas barbaridades cometidas por la furia y el odio oligárquicos, se cuentan los fusilamientos en los basurales de José León Suárez *, en junio de 1956, que tuvieron como víctimas a 18 civiles desarmados, además de los ocurridos en La Plata y en el ex penal de la avenida Las Heras, donde fueron fusilados 17 militares que pretendían sublevarse contra los golpistas, para restituir un gobierno legítimo, cuyo líder fue el general Juan José Valle**.

No había sido el único crimen cometido por la derecha más rancia y codiciosa que, como ocurría en todos los países sometidos del mundo, usaba a las fuerzas armadas como el brazo ejecutor de aberraciones contra los pueblos. En Argentina, ni bien iniciado el segundo mandato de Perón, se sucedieron decenas de atentados con bombas y armas de fuego en actos públicos, contra locales sindicales y unidades básicas, además de asonadas militares que no prosperaron y cuya máxima expresión fueron los bombardeos sobre Plaza de Mayo (16 de junio de 1955), en manos de aviones de la Armada argentina, que dejaron un tendal de heridos y víctimas mortales.

En la conducción del gobierno de facto se sucedieron los generales Eduardo Lonardi y Pedro Eugenio Aramburu, aunque el jefe ideológico fue el marino Isaac Rojas, al frente  de la fuerza que encaró el golpe con la mayor virulencia, un recalcitrante antiperonista estrechamente ligado con intereses ingleses y norteamericanos. Además de las fuerzas militares, participaron los famosos “comandos civiles”, conformados por jóvenes de la alta burguesía porteña que militaban en el radicalismo y la democracia cristiana, que hacían ostentación de un discurso racista, antipopular y xenófobo (creadores de expresiones como “cabecitas negra”, “descamisados”, “aluvión zoológico”), lo que da cuenta de que las ideas y sentimientos que mueven hoy a la oposición, vienen de larga data.

El duro antagonismo contra del gobierno del Frente de Todos, asumido el 10 de diciembre pasado, continúa una línea argumental que se alimentó con los sucesivos golpes de Estado -incluido el genocida de 1976/1983-, alcanzó su máxima expresión con el triunfo electoral del macri-radicalismo en el 2015, gracias a recursos usados por los medios de comunicación concentrados, que hicieron uso y abuso de las fake nwes (noticias falsas) y las law fare (guerra judicial), aprendidas en los ágapes de la embajada, además de la adhesión del poder económico concentrado y la inicua complicidad de sectores clave del poder judicial. ¡Por fin, la oligarquía había logrado llegar al gobierno –el poder ya lo tenían-, por medios electorales!

Gobernaron entre 2015-2019, período que les permitió manipular las instituciones de la República para alcanzar una gigantesca acumulación de la riqueza, que se alimentó no solo con escandalosos aumentos de tarifas de servicios públicos y negociados que tienen antecedentes en las dictaduras del pasado, sino también con otro recurso: la timba financiera, alimentada por una política de endeudamiento externo (66 mil millones de dólares), que incluyó, además, el “solidario” aporte del FMI, que hizo el mayor desembolso de su existencia: 44 mil millones de dólares, para garantizar la reelección de MM, que no ocurrió, pero sí les permitió concretar un proceso de fuga de capitales cuyo volumen es inédito en la historia argentina: 92 mil millones de dólares. La reelección soñada se frustró por la decidida conducta cívica, democrática y republicana del pueblo argentino, sabiamente interpretada por Cristina Fernández de Kirchner y por Alberto Fernández.

Ahora, con un gobierno conformado por una gran confluencia de partidos políticos en el Frente de Todos, que asumió para curar las dolorosas heridas que dejó el macri-radicalismo, además de afrontar también una dura lucha contra la pandemia, pudo alcanzar una exitosa reestructuración con acreedores privados. No obstante, es jaqueado cotidianamente por la dirigencia del PRO y el radicalismo, que no titubean en amenazar, amedrentar, vomitar su odio inocultable contra todo lo que es popular y nacional.

Hace años que no pueden evitar la repetición del mismo discurso ni disimular las mismas intenciones que mostraron los dictadores y los gobiernos pseudo democráticos.

 

 

*Ver Rodolfo Walsh, Operación Masacre, Bs. As., Sigla, 1973.

** Ver Enrique Arrosagaray, La Resistencia y el General Valle, Bs. As., Punto de Encuentro, 2016.