El corazón no les aguanta. Es tanta la emoción, la intensidad de los sentimientos, la alegría y la felicidad que se brinda a millones, que la muerte prematura es la consecuencia. Por Silvia Torres

Si Diego Armando Maradona, el Pelusa, solo hubiera sido un jugador de fútbol exitoso, cargado de glorias y de reconocimientos, seguramente que su vida y su prematuro fin hubieran sido distintos.

Pero él, no fue solo eso. Él fue un hombre comprometido con miles de causas que involucraban a los niños, como fue él mismo, salido de la miseria de una villa del conurbano bonaerense; con hombres y mujeres cuyas vidas están signadas por las privaciones y los sacrificios, como fueron sus padres.

“Sabés la felicidad que nos dio a los pobres”, dijo uno de los miles de pobres que se movilizó para darle el último adiós. Y esa felicidad entregada a raudales, le pasó factura a su corazón que no era el órgano de Dios, sino el órgano vital del Dios más humano de los dioses.

La genialidad de su cerebro para dar las órdenes a sus piernas y a su hablar filoso y contundente, le permitió también construir su libertad, en medio de presiones del establishment del fútbol, que junta su materia prima en las barriadas populares y espera, luego, la integración, la aceptación y la obediencia, ¡y no que el más grande de todos se ponga a organizar un sindicato y plantear exigencias humanas, que afectan los negocios!

Su compromiso con su Villa Fiorito fue ininterrumpido y también con la Argentina, a la que apoyó en todos los eventos y ferias internacionales, cuando teníamos Presidentes que salían a vender productos industriales, culturales, turísticos, etc. etc., porque su presencia era garantía de público multitudinario y él era inmensamente feliz cumpliendo con las tareas de Gran Embajador. Y cuentan que en este presente, con millones de argentinos caídos en la pobreza, Diego entregaba decenas de sus camisetas de la Selección, con dedicatorias y firmadas, para que se rifaran a favor de los comedores comunitarios. “Sabés la felicidad que nos dio a los pobres”, porque además de goles, la felicidad tenía la forma de un plato de comida.

“No importa lo que hiciste con tu vida. Importa lo que hiciste con la nuestra”, escribieron los hinchas en un cartel y está buena la frase, ¡porque de tan Dios humano que fue, se convirtió en el más claro paradigma de la Argentina en carne viva!

¡Descansa en paz, Diego Maradona! Allá se va a juntar con Evita y con Perón, con el Che, con Hugo Chávez, con Néstor y con Fidel. Allá tendrá el lugar ideal para charlar con sus líderes. Don Armando hará el asado y la Tota lo acunará entre sus cálidos y amorosos brazos, para que él, por siempre, vuelva a ser El Pelusa

En tanto acá, con nuestro país doliente y dolido, seguimos secándonos las lágrimas.