El veto al artículo 123 del Presupuesto nacional que permitía la creación de zonas francas en ciudades fronterizas de la Argentina, indica que ese objetivo seguirá siendo motivo central de lucha de Gobierno y fuerzas vivas de Misiones, provincia que peticiona esa condición desde hace años. Programas, tarifas y demás yerbas… Por Silvia Torres

Ninguna provincia argentina tiene 90 % de su frontera con países extranjeros: Brasil, el gigante que creó un centenar de zonas francas en su territorio y que presione con su producción industrial y de servicios, además de Paraguay, que se caracteriza por la laxitud en materia de registración de su comercio de importación y de circulación interna de mercaderías.

De ahí que el veto al artículo 123 del Presupuesto nacional por parte del presidente Alberto Fernández fue un golpe a las ilusiones de gobierno y fuerzas vivas misioneras, que creían coronar positivamente una lucha de años, para que la provincia desarrolle su potencial si se superan las gigantescas asimetrías con los países vecinos. La inclusión de casi 20 ciudades fronterizas en el proyecto fue el motivo principal del veto, ya que ponía en jaque las posibilidades de recaudación del Estado nacional, ávido de recursos no solo para atender las demandas de la pandemia, sino también para superar el desastre económico social dejado por los cuatro años de gestión macri-radical.

En Misiones, hay esperanzas de que se pueda avanzar en algún tipo de solución, empezando porque el proyecto original no era el que finalmente se aprobó en el Congreso Nacional, y que se puedan concretar las promesas hechas tanto por Fernández como por Sergio Massa, titular de la Cámara baja, a favor de que la provincia cuente con instrumentos que le permitan dinamizar su economía, siempre trabada por la competencia desigual con sus vecinos. Cosa que se comprobó claramente con motivo del cierre de las fronteras por la pandemia, que permitió que el comercio y las actividades económicas en general se dinamizaran y que unos 10 mil millones de pesos mensuales no se fuguen por compras en los vecinos países.

A pesar de este traspié, la provincia continúa con su afán de, por un lado, continuar con el proceso de control de propagación de la pandemia que, infelizmente, sigue una línea ascendente pero que, por el momento, no atenta contra la capacidad de atención con que se cuenta y, además, aprovechar su situación de desendeudamiento para avanzar en la reactivación y el desarrollo de su potencial industrial, productivo y comercial. En este sentido, adhirió a la Ley de Economía del Conocimiento para transformar el mapa productivo con tecnología de punta, que incorpore y/o desarrolle empresas dedicadas a producir software, nanotecnología, biotecnología, automatización y robótica a sus esquemas productivos, ya que la ley mencionada prevé incentivos fiscales diversos a las empresas que desarrollen esas tecnologías. Misiones tiene desarrollada infraestructura apta para encarar estos desafíos y tiene en construcción una sede para Silicon Misiones, conforme el convenio ya firmado con Silicon California.

Con la gigantesca deuda con privados resuelta y encaminada la refinanciación de los 44 mil millones de dólares con el FMI, el Presupuesto nacional 2021 se centra en promover rubros para el desarrollo de la actividad económica, que incluyen los 12 mil millones de dólares que no se pagarán en concepto de intereses de deuda, comprometidos por la gestión macri-radical, lo cual da por tierra la prédica de sus partidarios en torno de que el presupuesto establece ajustes.

A pesar de estas situaciones auspiciosas, no deja de preocupar que el gobierno hable de aumentos de tarifas, cuando se viene de cuatro años en donde las mismas aumentaron hasta 3000 %, como regalo de Mauricio Macri a sus amigos ¿y socios? Dolarizadas, enloquecieron a los argentinos devorando gran parte de sus ingresos y/o creando deudas para poder afrontarlas. El ajuste en las tarifas se siente como un cachetazo en las doloridas mejillas de los argentinos, al igual que el aumento incesante e inexplicable en los precios de los alimentos, los materiales de construcción y otros, cuando los salarios ni la desocupación lograron recuperarse de la tierra arrasada macri-radical. ¿Hasta qué punto esperan las autoridades nacionales, provinciales, municipales apretar los bolsillos de los ciudadanos, para comenzar a tomar las medidas que eliminen las maniobras especulativas de industriales, transportistas y comerciantes formadores de precios?

Es cierto que en Misiones, el consumo se incentivó con los programas Ahora, pero la escasa capacidad de compra de los salarios se satura con sucesivas cuotas y las familias se ven impedidas, en un punto, de continuar con un consumo normal.

Los gobiernos que pretenden otorgar y consolidar derechos y bienestar para las grandes mayorías es una lucha sin cuartel, sobre todo, luego de cuatro años en los que se llevaron puesto todo lo disponible en el país, además de  lo que se trajeron de afuera, que quedó como cinturón de plomo para los argentinos.