No hubo celebración en las calles del centro de Washington, bloqueadas con barricadas de la Guardia Nacional en un operativo de seguridad inédito. Fue una investidura marcada por la pandemia.

“La unidad es el camino por delante”, pronunció el demócrata Joseph Biden en su primer discurso como presidente de Estados Unidos. Asumió en una ceremonia atípica. Ninguna muchedumbre lo arropó desde el césped de la Explanada Nacional. En su lugar, hubo banderas. No hubo celebración en las calles del centro de Washington, bloqueadas con barricadas de la Guardia Nacional en un operativo de seguridad inédito. Su investidura quedó marcada por la pandemia, que obligó a programar actividades virtuales y evitar la concentración de personas, y opacada por la violencia ocurrida en la capital dos semanas atrás, que llevó a extremar las medidas de seguridad. Por eso, al dirigirse al país por primera vez como jefe de Estado, hizo hincapié en los desafíos que tiene que enfrentar.PUBLICIDAD

Biden aseguró que presionará “con rapidez y urgencia” porque hay “mucho para hacer en este invierno de peligro y posibilidad”. En su discurso, intentó hablar de esperanza y resiliencia. Sus acciones, dijo, serán las de “reparar”, “sanar”, “restaurar”, “construir”. “Pocos períodos de la historia de nuestra nación han sido más desafiantes o difíciles que este en el que estamos ahora”, agregó.

Al igual que en la campaña, el mandatario le dio una especial importancia a la pandemia de covid-19 y sus efectos en Estados Unidos: más víctimas para el país que la Segunda Guerra Mundial, millones de puestos de trabajo destruidos y cientos de miles de negocios cerrados.

En el diagnóstico del Estados Unidos que le tocará gobernar también incluyó el pedido de justicia racial, un “sueño” que ya “no puede ser diferido”. “Y ahora, un incremento en el extremismo político, la supremacía blanca, el terrorismo interno que debemos confrontar y que derrotaremos”, añadió.

La clave, supone él, estará en la unidad. “Hoy, en este día de enero, toda mi alma está en esto: juntar a Estados Unidos, unir a nuestra gente y unir a nuestra nación. Le pido a cada estadounidense que me siga en esta causa”, requirió el mandatario. Con ese tema como premisa central, Biden pidió también “terminar esta guerra incivil que enfrenta a rojo (republicano) contra azul (demócrata), rural versus urbano, conservador versus liberal”.

El mandatario comenzó sus actividades en la capital temprano durante la mañana. Esperó hasta que su predecesor se subiera al avión rumbo a Florida y dejó la Casa Blair, en la que se hospedan los invitados presidenciales, para ir a la catedral de San Mateo, en el centro de la ciudad. Allí participó de una misa junto a los líderes de los dos partidos en el Congreso. A la zona se acercaron algunos residentes a curiosear mientras paseaban sus perros. Aprovecharon para sacarse fotos en el lugar aunque, por seguridad, el acceso a la cuadra de la iglesia estaba cerrado.

Después de la misa, la comitiva se dirigió al Capitolio. Lo que normalmente es un día de celebración en Washington fue esta vez un episodio silencioso, sin gente en la Explanada Nacional. Una de las principales imágenes de toda ceremonia de investidura en Estados Unidos es la de las cuadras de césped que componen este parque nacional repletas de personas. Pero este miércoles, con la ciudad en estado de emergencia, toda la zona estuvo cerrada y custodiada tras el asedio del 6 de enero. La organización decidió entonces llenar con banderas del país y de los distintos estados ese lugar que tenía que estar ocupado por los seguidores de Biden.

En el parque oeste del Capitolio, esta vez hubo pocas sillas, en general destinadas a quienes van a componer el nuevo gabinete. En el palco principal estuvieron las familias de Biden y de la vicepresidenta, Kamala Harris, los líderes del Congreso y los ex presidentes. Aunque no era su ceremonia, los Obama recibieron una pequeña ovación cuando ingresaron y los saludos de la nueva administración: Biden incluso dejó de lado la distancia social y abrazó a Barack después de convertirse en presidente.

La ceremonia de investidura y los primeros mensajes de la nueva gestión se enfocaron en las ideas de diversidad. Lady Gaga fue la elegida para cantar el himno, por su activismo por los derechos LGBTQ+. La encargada de tomarle juramento a Harris fue la jueza de la Corte Suprema Sonia Sotomayor, la primera latina en llegar al máximo tribunal del país. Jennifer Lopez, también latina, cantó una mezcla de temas referidos a Estados Unidos y entremedio incluyó una frase de la promesa a la bandera en español: “Una nación, bajo dios, indivisible, con libertad y justicia para todos”. Una poetisa de 22 años, Amanda Gorman, recitó un poema que terminó de escribir el día del asalto al Capitolio y se convirtió en la persona más joven en hacerlo en una asunción presidencial. “Hemos visto una fuerza que preferiría destrozar nuestra nación en vez de compartirla”, decía su poema. La página web de la Casa Blanca fue actualizada apenas juró Biden y recuperó su versión en español, que había desaparecido con el gobierno anterior.

Durante la tarde, Biden y Harris continuaron con las tradiciones del día. Fueron hasta el cementerio militar de Arlington, en el estado vecino de Virginia, cerca de la ciudad. La flamante vicepresidenta, la primera mujer en llegar a ese cargo en la historia de Estados Unidos, tomó juramento a tres senadores para completar la Cámara alta. Uno fue Alex Padilla, quien la reemplazará en su banca por California y se convirtió en el primer latino de ese estado en llegar al Senado. Los otros dos fueron los senadores por Georgia, que ganaron sus elecciones en segunda vuelta apenas hace dos semanas. Con esa nueva composición, el cuerpo quedará en paridad entre los dos partidos. Tanto republicanos como demócratas tienen ahora 50 bancas, con Harris en la vicepresidencia para desempatar.

Durante la tarde, Biden llegó a la Casa Blanca. A través de una videollamada, también les tomó juramento a algunos de sus principales asistentes. La mudanza ya había ocurrido y se dirigió al Salón Oval. Allí, firmó una serie de decretos. El primero, uno que convierte en obligatorio el uso del barbijo en todos los edificios del gobierno federal. El segundo, uno para apoyar a “comunidades postergadas”. Con el tercero, hizo que Estados Unidos vuelva al Acuerdo de París para poteger el medio ambiente, del que se había retirado Donald Trump.

Una de las únicas tradiciones del traspaso de poder que quizás se mantuvo es la de la carta en el Salón Oval que deja cada presidente a su sucesor. Biden confirmó que Trump dejó una para él. La calificó como “una carta muy generosa” pero no dio detalles del contenido. Dijo que lo compartiría después de que tenga la oportunidad de hablar con el exmandatario.

En la primera noche, la nueva secretaria de Prensa, Jen Psaki, dio la primera conferencia ante los medios acreditados en la Casa Blanca. Allí enumeró otros decretos referidos a educación, inmigración y cambio climático y prometió que el presidente estará “muy involucrado” en buscar una solución a la crisis causada por la pandemia. Psaki dijo también que la primera llamada con un líder de otro país será este viernes con Justin Trudeau, el primer ministro de Canadá, por la relación entre ambas naciones. Mientras ella hablaba, el Senado confirmaba el primero de los nombres del nuevo gabinete y Avril Haines será ahora la Directora de Inteligencia Nacional. Comienza una nueva era en la política de Estados Unidos.

Página/12